Nosotros que no somos como otros

Publicado el 18.1.2012

por F.A.

Me tomó por sorpresa, no me lo esperaba. De forma casi inmediata, tomé el teléfono y llamé al Jefe Nacional – “Lealtad hasta el final, lealtad hasta la muerte”. No fue un llamado de más de treinta segundos. Dentro de los primeros quince minutos ya sabíamos que todas las sedes, excepto una, permanecían leales. No todo Santiago era leal, pero con uno solo me daba por satisfecho.
Pensé, en un primer momento, en hacerlo pasar como obra de algún hacker antifascista, gay, integracionista, cualquier porquería, como si tuviera que apagar un incendio en un problema doméstico. Pero ya no era doméstico, había sido ventilado. Y de la peor forma.
He sido llamado, en forma gratuita, en mi calidad de militante, lacayo y lametraseros, y también los insultos y descalificaciones al Jefe Nacional los asumí como propios, pues dentro de nuestro principio de igualdad, cuando un militante – desde aquél que no posee rango alguno hasta aquél que detente la mayor autoridad – es insultado, es el Partido entero el que es insultado.
He hecho bromas durante todo el proceso, para hacer más llevadero el trago amargo, pero es difícil de tragar esta maldita cicuta. Fue duro, fue fuerte, fue doloroso, pero no caeré en ningún tipo de descalificación personal ni doctrinal, no porque no me guste hacerlo – en efecto, para mí denigrar es un deporte –, tan sólo no lo haré porque no quiero alargarme tanto. Es duro cuando algo así se fragua al interior de algo en lo que tantas horas se ha invertido: ningún izquierdista, homosexual ni liberal ha dado un golpe que se le pueda comparar, sino que la cizaña estaba dentro, el enemigo era parte de nosotros.
Los procesos de purificación no tienen por qué ser gratos, al menos, en nuestro caso, han sido bastante traumáticos, cada uno peor que el anterior. Supimos sobreponernos a todos y sabremos sobreponernos a éste. Supieron asestar el sablazo: nos han desacreditado, no han avergonzado, han puesto en tela de juicio nuestra Unidad, y eso es imperdonable.
La traición, la intriga, el complot, el sabotaje, el “pelambre”, envenenan a un Partido, pero ante el veneno tenemos el mejor antídoto: la Verdad.
El Nacionalsocialismo es una cosmovisión anti-sistémica, pues no se conforma con los despojos del mismo, no necesita de la ayuda de la ley, ni de sus sirvientes de la autoridad, ni de la partidocracia. Plan cuadrante, multas, delitos, juicios, son palabras que significan absolutamente nada para nosotros, así que no vengan a advertirnos ni a amenazarnos con asuntos mundanos que no nos interesan. Problemas en la calle, detenciones, noches en calabozos, ¿y qué? No nos hemos arrepentido de nada ni lo haremos, no hay motivo para avergonzarse.
Si hay algo de lo que puedo dar fe, es que el Nacionalsocialismo me llevará a la ruina absoluta, ruina económica, ruina familiar, ruina laboral, y tantas otras, pero que bienvenida sea la ruina si es premio a la lealtad, y bienaventurada sea la lealtad si es sinónimo del honor.

La victoria es nuestra… vae victis!